lunes, 13 de mayo de 2013







26.  RELATO QUE DESEMBOCA EN UNO DE LOS  5 FINALES.
PROMESA  DE AMOR ETERNO
Hacía tiempo que no recordaba nada de mi pasado, había jurado y luchado por olvidar todo lo que en un tiempo me hizo tan feliz,  pero que también me había convertido en lo que era, esa mujer apartada, atemorizada, que jamás podría volver a ser feliz.
Pero de pronto llegó una carta; yo ya lo presentía,  hacía tiempo que sentía una intranquilidad, mis sueños también me avisaban que el fantasma de mi pasado me volvería a alcanzar. La carta me decía que   Martín estaba en fase terminal y que su última  voluntad era verme. ¿Cómo podría negarme en complacer la última voluntad de un moribundo?, pero él había destruido mi vida, pero también él le dio, aunque sea por unos momentos la mayor esperanza de la vida, el amor. Él destruyo mi vida, aun cuando yo le regresé la suya, y le di la mía, cuando él había tenido ese horrible accidente en el que poco faltó para que perdiera la vida.  Cómo me pudo mentir en algo tan serio cuando yo le entregué mi niñez, cómo pudo haber guardado tan grave secreto, cómo pudo haber hecho eso intencionalmente, si lo amaba tanto y, él decía amarme de la misma manera.
Yo no quería verlo, pero mi curiosidad y ansiedad me llevaron  a él. Mientras iba en el taxi, vinieron a mis recuerdos de nuestra juventud,  de nuestros días de colegio, de nuestras salidas  con los  piñeros de la clase, de las escapadas a su casa, de  las tardes en el lago, de…nuestras ansias por hacer todo lo anhelado realidad.  Pero también vino a mí la escena  de  mí en el hospital,  con esa  hoja sobre las manos, el peor momento, en el que mis sueños se destruyeron. Cuando salí corriendo  dejando caer por  accidente esa hoja, misma que fue leída y difundida por  todos los de la generación.  ¿Cómo continuar una vida que no tenía esperanzas de  seguir?, ¿cómo hacerlo  si la misma gente te daba por muerto, e intencional y desintencionadamente lo hacía realidad?  Aún recuerdo  el momento en que tuve que decir adiós a todo mi mundo, y entrar en el mundo del olvido y en el mundo de la invisibilidad.
Llegando al hospital, por error resbalé con el piso, por lo que tuvieron que curar las heridas que me ocasionó la caída. Sobre la cama, escuché la conversación de unos doctores que comentaban el caso penoso de un joven que se había logrado salvar de un terrible accidente, pero que  se había contagiado de SIDA por una transfusión de sangre, el mismo que yacía tendido en una cama,  en fase terminal.
Al  escuchar la historia,  corriendo,  fui a su cama; ya hacía 8 años que no lo veía, mi rostro había cambiado mucho, yo me había encargado de que fuera así, de borrarme del mapa y resurgir como otra persona, una persona totalmente desconocida para todos. Dudé si él aún lograría reconocerme.  Antes de recorrer las cortinas, lo observé por una abertura que había entre ellas; él tenía en mismo aspecto que en ese entonces, esa cara delgada, con chispa, pero ahora delgada y pálida, ese rostro caucásico aún seguía enamorándome como desde la primera vez que lo vi, el que  a pesar del  esfuerzo que hacía nunca logré olvidar.
Abrí un poco las cortinas, espacio por el que me  presenté ante él, fue el momento más sorprendente de mi vida, las manos me sudaban, el cuerpo se me quedó congelado, la piel se me enchinó y un gran nudo se hizo en mi garganta. Instantáneamente  la máquina que medía sus sentidos vitales mostró como todo su ser se agitó, la  misma reacción tuvo él, y me dijo “¿estás aquí?, pensé que no vendrías. Me queda poco tiempo,  y sólo quiero decirte que nunca quise que te contagiaras de esta enfermedad, si hubiera sabido yo mismo me hubiera alejado de ti para nunca poner en riesgo tu vida. Lo cierto es que esta enfermedad me hizo su presa desde  el terrible accidente que tuve, jamás te engañe, y fuiste, eres y seguirás siendo la única. Te amo. No me queda mucho tiempo, perdóname”.
No me dio tiempo de decir nada, sólo lo abracé y me recosté sobre su cama,  y  comencé a contarle lo que había sido de mi vida y como, aunque lo intenté, jamás me pude olvidar de él, y como seguía siendo el único. Lo ví tan feliz como cuando andábamos; reímos y lloramos, me quedé allí hasta que su corazón dejo de funcionar y su aliento poco a poco fue  desapareciendo. Me costó cerrar los parpados en ese rostro   que  alumbraba la sonrisa de un muerto, pero que pronto se vería reflejada en mí, para sellar nuestra promesa de amor eterno.







1 comentario:

  1. hola me parece que esta es mi actividad a revisar si no me equivoco.
    lo lei y al principio si se hace intersante pero despues lo ssenti muy dramatico jejeje ,e aburrio despues pero cuenta con la estructura y tiempo con lo que es solicitado el trabajo me gusto la redaccion enpartes no mucho pero si la mayoria

    calf.8

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