26. RELATO QUE DESEMBOCA EN UNO DE LOS 5 FINALES.
PROMESA DE AMOR ETERNO
Hacía tiempo que no recordaba
nada de mi pasado, había jurado y luchado por olvidar todo lo que en un tiempo
me hizo tan feliz, pero que también me
había convertido en lo que era, esa mujer apartada, atemorizada, que jamás
podría volver a ser feliz.
Pero de pronto llegó una carta;
yo ya lo presentía, hacía tiempo que
sentía una intranquilidad, mis sueños también me avisaban que el fantasma de mi
pasado me volvería a alcanzar. La carta me decía que Martín
estaba en fase terminal y que su última voluntad era verme. ¿Cómo podría negarme en
complacer la última voluntad de un moribundo?, pero él había destruido mi vida,
pero también él le dio, aunque sea por unos momentos la mayor esperanza de la
vida, el amor. Él destruyo mi vida, aun cuando yo le regresé la suya, y le di la
mía, cuando él había tenido ese horrible accidente en el que poco faltó para
que perdiera la vida. Cómo me pudo
mentir en algo tan serio cuando yo le entregué mi niñez, cómo pudo haber
guardado tan grave secreto, cómo pudo haber hecho eso intencionalmente, si lo
amaba tanto y, él decía amarme de la misma manera.
Yo no quería verlo, pero mi
curiosidad y ansiedad me llevaron a él. Mientras
iba en el taxi, vinieron a mis recuerdos de nuestra juventud, de nuestros días de colegio, de nuestras
salidas con los piñeros de la clase, de las escapadas a su
casa, de las tardes en el lago, de…nuestras
ansias por hacer todo lo anhelado realidad. Pero también vino a mí la escena de mí
en el hospital, con esa hoja sobre las manos, el peor momento, en el
que mis sueños se destruyeron. Cuando salí corriendo dejando caer por accidente esa hoja, misma que fue leída y
difundida por todos los de la
generación. ¿Cómo continuar una vida que
no tenía esperanzas de seguir?, ¿cómo
hacerlo si la misma gente te daba por
muerto, e intencional y desintencionadamente lo hacía realidad? Aún recuerdo el momento en que tuve que decir adiós a todo
mi mundo, y entrar en el mundo del olvido y en el mundo de la invisibilidad.
Llegando al hospital, por error
resbalé con el piso, por lo que tuvieron que curar las heridas que me ocasionó
la caída. Sobre la cama, escuché la conversación de unos doctores que
comentaban el caso penoso de un joven que se había logrado salvar de un
terrible accidente, pero que se había
contagiado de SIDA por una transfusión de sangre, el mismo que yacía tendido en
una cama, en fase terminal.
Al escuchar la historia, corriendo, fui a su cama; ya hacía 8 años que no lo veía,
mi rostro había cambiado mucho, yo me había encargado de que fuera así, de borrarme
del mapa y resurgir como otra persona, una persona totalmente desconocida para
todos. Dudé si él aún lograría reconocerme. Antes de recorrer las cortinas, lo observé por
una abertura que había entre ellas; él tenía en mismo aspecto que en ese
entonces, esa cara delgada, con chispa, pero ahora delgada y pálida, ese rostro
caucásico aún seguía enamorándome como desde la primera vez que lo vi, el que a pesar del esfuerzo que hacía nunca logré olvidar.
Abrí un poco las cortinas,
espacio por el que me presenté ante él,
fue el momento más sorprendente de mi vida, las manos me sudaban, el cuerpo se me
quedó congelado, la piel se me enchinó y un gran nudo se hizo en mi garganta. Instantáneamente
la máquina que medía sus sentidos
vitales mostró como todo su ser se agitó, la misma reacción tuvo él, y me dijo “¿estás
aquí?, pensé que no vendrías. Me queda poco tiempo, y sólo quiero decirte que nunca quise que te
contagiaras de esta enfermedad, si hubiera sabido yo mismo me hubiera alejado
de ti para nunca poner en riesgo tu vida. Lo cierto es que esta enfermedad me
hizo su presa desde el terrible
accidente que tuve, jamás te engañe, y fuiste, eres y seguirás siendo la única.
Te amo. No me queda mucho tiempo, perdóname”.
No me dio tiempo de decir nada,
sólo lo abracé y me recosté sobre su cama, y comencé
a contarle lo que había sido de mi vida y como, aunque lo intenté, jamás me
pude olvidar de él, y como seguía siendo el único. Lo ví tan feliz como cuando andábamos;
reímos y lloramos, me quedé allí hasta que su corazón dejo de funcionar y su aliento
poco a poco fue desapareciendo. Me costó cerrar los parpados en ese
rostro que alumbraba la sonrisa de un muerto, pero
que pronto se vería reflejada en mí, para sellar nuestra promesa de amor
eterno.
hola me parece que esta es mi actividad a revisar si no me equivoco.
ResponderEliminarlo lei y al principio si se hace intersante pero despues lo ssenti muy dramatico jejeje ,e aburrio despues pero cuenta con la estructura y tiempo con lo que es solicitado el trabajo me gusto la redaccion enpartes no mucho pero si la mayoria
calf.8