15.- INVENCIÓN DEL FINAL DE UNA OBRA LITERARIA.
SINOPSIS DEL LIBRO “El Ingenioso Hidalgo ON QUIJOTE DE
LA MANCHA”
El Quijote narra
la historia de un hidalgo manchego, de unos cincuenta años, que se vuelve loco
por leer muchos libros de caballerías. El protagonista llega a creer que las
narraciones caballerescas relatan sucesos reales, y decide salir de su aldea en
busca de aventuras similares a las de sus héroes literarios con el objetivo
de<<desfacer agravios, enderezar entuertos y proteger doncellas>>.
En su mente, confunde la realidad y la literatura: así, la venta de un camino
le parecerá un castillo; los molinos serán gigantes, y los rebaños se
transformarán en ejércitos de conocidos
caballeros.
Este hidalgo de
la Mancha de unos 50 años, que tras leer
muchos libros de caballería, un género popular en siglo XVI, decide disfrazarse
de caballero andante y embarcarse en una serie de aventuras con su viejo
caballo Rocinante. Tiene como fin "irse por todo el mundo con sus armas y
caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había
leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de aparenta
ser. Los molinos son gigantes, las ventas son castillos, las plebeyas son
princesas, y los títeres son moros. Durante estas andanzas los caminos de don
Quijote y Sancho Panza se cruzan con otros personajes que cuentan sus
historias. Pero no todas las aventuras son divertidas ni graciosas --en
algunas, especialmente en la segunda parte-- don Quijote y Sancho Panza se convierten
agravio y poniéndose en ocasiones y peligro donde, acabándolos, cobrase eterno
nombre y fama" (Parte 1, Cap. 1).
Siguiendo la
tradición caballeresca, don Quijote se encomienda a Dulcinea
del Toboso, una figura imaginada por el protagonista.
En el mundo de Quijote, nada es lo que en los blancos de burlas y engaños. Al
final, don Quijote ya no es el personaje cómico y burlesco. Vencido por el desengaño,
nuestro protagonista recupera la cordura pero pierde la vida.
RESUMEN DEL CAPÍTULO XLIV
CÓMO SANCHO
PANZA FUE LLEVADO AL GOBIERNO Y DE LA EXTRAÑA AVENTURA QUE EN EL CASTILLO
SUCEDIÓ A DON QUIJOTE
Los duques a
Sancho Panza y a Don Quijo te ya habían conocido y, conocido de sus grandes
aventuras, admirados quedaron, y con lástima hacia la fe de Sancho en
aventurarse por la promesa de un reinado, tuvieron a bien cumplir ese deseo. Así
llevaron a gobernar a Sancho a la ínsula
de Barataria.
Quijote quedó
muy triste tras la ausencia de Sancho. Al darse cuenta la duquesa de esto,
mandó a más servidumbre a que le sirviera, mas Quijote se rehusó a ello, por lo
que la Duquesa no quiso insistir, temiendo
que Quijote saliera de quicio o faltara a la promesa hecha a su doncella
Dulcinea.
Pasaron los
días, Quijote seguía triste, pero en cierta ocasión, desde su balcón, al
despertar escucho la conversación de unas
jóvenes, que animaban a una de ellas para que declarara su amor a Quijote. Así
fue, y la doncella cantó su amor a Quijote. Al escuchar ello, Quijote se lamentó
por la desdicha de ser tan amado y no poder corresponder por la promesa hecha a
Dulcinea.
Mientras tanto
Sancho fue llevado a Barataria a gobernar. Y como era la costumbre de
Barataria, probaron la sabiduría de su nuevo gobernador con una pregunta. Su
primer juicio fue a un hombre quien había encargado a un sastre le elaborara 5
caperuzas con un trozo de paño; el sastre así lo cumplió, pero el hombre quedó inconforme con el trabajo,
pues alegaba que las caperuzas eran muy pequeñas (tanto que podían ponerse en
un dedo cada una) y que el sastre le había robado tela. Sancho juzgó, y su sentencia fue no se le regresara ningún paño
al hombre, ni se le pagara al sastre y las caperuzas fueran llevados a los
presos de la cárcel.
El segundo
juicio que realizó, fue a un par de
hombres, el uno renegaba porque decía haber prestado 10 escudos de oro al otro
hombre, el cual no los había repuesto; mientras el otro hombre decía haberle
pagado. El uno no tenía báculo, el otro sí.
Sancho hizo jurar al supuesto deudor
haber pagado, pero pidió que le diera su
báculo para hacer el juramento más comprometedor; el supuesto deudor no tuvo problema
en jurar, así que Sancho dejó que se fuera, pero al ver que se iba sin
preocupación, le pidió regresara y le diera su báculo, el cual dio al hombre a quien le debía, le dijo que dentro encontraría
sus 10 escudos, lo cual fue así. Todos se admiraron, pero aún faltaba.
El tercer juicio
lo dio a un granjero y a una joven. Ella acusaba al hombre de haber abusado de
ella, pero él decía no haberla forzado, sino haberle pagado justamente. El
granjero regresaba de vender a sus animales, cuando encontró a la joven, así
que Sancho hizo que el granjero diera
toda su ganancia a la mujer, pero al ver que ésta se iba despreocupada y muy
contenta, pidió al granjero que fuera tras ella y le quitara el mismo dinero
que le había dado. Por más que hizo, no pudo quitarle su dinero, así que ambos
regresaron a Sancho, el cual al ver esto,
pidió a la joven que le regresara el dinero, que lo que ella decía era
mentira, pues ella decía ser muy digna y si el granjero la hubiera atacado,
ella hubiera mostrado la misma resistencia al abuso impidiéndolo, mas no fue
así.
DE CERVANTES, Miguel (2006). El Ingenioso Hidalgo DON
QUIJOTE DE LA MANCHA. 31a. edición. México: PORRUA. Pp. 665-679.
REINVENCIÓN DEL FINAL DEL CAPÍTULO XLIV
CÓMO SANCHO
PANZA FUE LLEVADO AL GOBIERNO Y DE LA EXTRAÑA AVENTURA QUE EN EL CASTILLO
SUCEDIÓ A DON QUIJOTE
Pasaron los días
y la tristeza de Quijote se hacía cada
vez más grande, así que no dudo en ir a visitar
a Sancho en su nuevo reino.
Justo llegó a la
ínsula de Barataria cuando ante Sancho
se presentó el sastre y el hombre. A Quijote se le figuró ser la aventura de
Gulliver, así que preguntó al sastre cómo era aquella tan increíble isla en la que
todo era pequeño. Quijote armó un gran
número en el cual alegaba que el sastre era inocente pues lo único que pretendía era ayudar a esos
pobres enanitos; pero que también el hombre era un hombre muy dadivoso por preocuparse en mandar
a hacer ropa tan pequeña. Quijote no hizo ningún juicio, mas bien, todo quedó
igual, y nombre a los dos unos nobles por cometer tan gran acto de misericordia y, despidió a
ambos dejándolos en un barco que zarparía a tal ansiada isla, a la cual Quijote
hubiera querido ir, pero sin Sancho, a ningún lado, decía, pues ya había
experimentado que era estar sin su fiel
escudero.
En el segundo
juicio, el realizado a los dos hombres, Sancho
pidió el sabio consejo de Quijote, pero Quijote solo lo enredó con tan gran
palabrería, y dijo que fuera como hubiera sido, el hombre que pidió prestado
era un menesteroso, y que el otro hombre era un rico que no lo necesitaba, quien había
obtenido ese dinero quitándolo a los menesterosos, por lo que Dios sólo había
hecho justicia. Así Sancho concedió favor al supuesto deudor, cuando no tardó
mucho tiempo, y estando todos juntos aún, llegó una carta que hablaba de un asaltante, que
entre lo que había robado estaban 10 escudos, los cuales tenían como seña
particular una herradura en una de sus caras. En eso estaba a punto de irse el
supuesto deudor, cuando tropezó con una
piedra, su báculo cayó, rompiéndose y
revelando los escudos que debía, los que tenían una herradura por señal y
reconoció el hombre rico. Así en Barataría se logro un juicio doble, se atrapó
al ladrón de los escudos cara de herradura y, se obligó al deudor a realizar servicio en el castillo por 10 días, uno por escudo, sin pagársele por ello.
En el último juicio del día, Quijote puso a prueba a Sancho, para ver que
tanto había tomado en cuenta los consejos que le había hecho. Llegaron ante
Sancho una joven y un granjero. Ella lo acusaba de haber abusado de ella, pero él
lo negaba diciendo que le había pagado y, que por el contario, ella le había
quitado todos los bienes que llevaba con
él. Sancho estaba confundido, pero pidió a la joven que mostrara sus manos,
y las revisó minuciosamente, las besó, por lo que todos le tuvieron por depravado.
Terminando de hacer esto, pidió al granjero que le dijera aquellas cosas que la
mujer le había robado, entre ellas, mencionó una carreta, dinero y perfumes, y argumentaba que la mujer
lo había emborrachado. Sancho inmediatamente dictó que el mentiroso era el hombre, pues las uñas de la joven tenían piel y sangre en las manos y, el cuello del
hombre estaba arañado, además, el
aliento del hombre era normal, sin señal
de alcohol, las manos de la mujer no
tenían señal de estar maltratadas por
las riendas de unos caballos, y las manos y cuerpo de ésta no olían ni a
perfumes, ni a metal.
Quijote quedó sorprendido
por el último juicio de Sancho y unas lágrimas rodaron por sus mejillas, pues
sus consejos habían sido tomados en cuenta por Sancho.
Erika
Apolonio Monroy
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