domingo, 5 de mayo de 2013



15.- INVENCIÓN DEL FINAL DE UNA OBRA LITERARIA.
SINOPSIS DEL LIBRO “El Ingenioso Hidalgo ON QUIJOTE DE LA MANCHA”
El Quijote narra la historia de un hidalgo manchego, de unos cincuenta años, que se vuelve loco por leer muchos libros de caballerías. El protagonista llega a creer que las narraciones caballerescas relatan sucesos reales, y decide salir de su aldea en busca de aventuras similares a las de sus héroes literarios con el objetivo de<<desfacer agravios, enderezar entuertos y proteger doncellas>>. En su mente, confunde la realidad y la literatura: así, la venta de un camino le parecerá un castillo; los molinos serán gigantes, y los rebaños se transformarán en ejércitos de conocidos caballeros.     
Este hidalgo de la Mancha de unos 50 años,  que tras leer muchos libros de caballería, un género popular en siglo XVI, decide disfrazarse de caballero andante y embarcarse en una serie de aventuras con su viejo caballo Rocinante. Tiene como fin "irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de aparenta ser. Los molinos son gigantes, las ventas son castillos, las plebeyas son princesas, y los títeres son moros. Durante estas andanzas los caminos de don Quijote y Sancho Panza se cruzan con otros personajes que cuentan sus historias. Pero no todas las aventuras son divertidas ni graciosas --en algunas, especialmente en la segunda parte-- don Quijote y Sancho Panza se convierten agravio y poniéndose en ocasiones y peligro donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama" (Parte 1, Cap. 1).
Siguiendo la tradición caballeresca, don Quijote se encomienda a Dulcinea del Toboso, una figura imaginada por el protagonista. En el mundo de Quijote, nada es lo que en los blancos de burlas y engaños. Al final, don Quijote ya no es el personaje cómico y burlesco. Vencido por el desengaño, nuestro protagonista recupera la cordura pero pierde la vida.
RESUMEN DEL CAPÍTULO XLIV
CÓMO  SANCHO PANZA FUE LLEVADO AL GOBIERNO Y DE LA EXTRAÑA AVENTURA QUE EN EL CASTILLO SUCEDIÓ A DON QUIJOTE
Los duques a Sancho Panza y a Don Quijo te ya habían conocido y, conocido de sus grandes aventuras, admirados quedaron, y con lástima hacia la fe de Sancho en aventurarse por la promesa de un reinado, tuvieron a bien cumplir ese deseo. Así llevaron a gobernar a Sancho a la  ínsula de Barataria.
Quijote quedó muy triste tras la ausencia de Sancho. Al darse cuenta la duquesa de esto, mandó a más servidumbre a que le sirviera, mas Quijote se rehusó a ello, por lo que  la Duquesa no quiso insistir, temiendo que Quijote saliera de quicio o faltara a la promesa hecha a su doncella Dulcinea.
Pasaron los días, Quijote seguía triste, pero en cierta ocasión, desde su balcón, al despertar escucho la conversación  de unas jóvenes, que animaban a una de ellas para que declarara su amor a Quijote. Así fue, y la doncella cantó su amor a Quijote. Al escuchar ello, Quijote se lamentó por la desdicha de ser tan amado y no poder corresponder por la promesa hecha a Dulcinea.
Mientras tanto Sancho fue llevado a Barataria a gobernar. Y como era la costumbre de Barataria, probaron la sabiduría de su nuevo gobernador con una pregunta. Su primer juicio fue a un hombre quien había encargado a un sastre le elaborara 5 caperuzas con un trozo de paño; el sastre  así lo cumplió, pero  el hombre quedó inconforme con el trabajo, pues alegaba que las caperuzas eran muy pequeñas (tanto que podían ponerse en un dedo cada una) y que el sastre le había robado tela. Sancho juzgó, y su  sentencia fue no se le regresara ningún paño al hombre, ni se le pagara al sastre y las caperuzas fueran llevados a los presos de la cárcel.
El segundo juicio que realizó, fue a un  par de hombres, el uno renegaba porque decía haber prestado 10 escudos de oro al otro hombre, el cual no los había repuesto; mientras el otro hombre decía haberle pagado. El uno no tenía  báculo, el otro sí. Sancho  hizo jurar al supuesto deudor haber pagado, pero pidió que le diera  su báculo para hacer el juramento más comprometedor; el supuesto deudor no tuvo problema en jurar, así que Sancho dejó que se fuera, pero al ver que se iba sin preocupación, le pidió regresara y le diera su báculo, el cual dio al  hombre a quien le debía, le dijo que dentro encontraría sus 10 escudos, lo cual fue así. Todos se admiraron, pero aún faltaba.
El tercer juicio lo dio a un granjero y a una joven. Ella acusaba al hombre de haber abusado de ella, pero él decía no haberla forzado, sino haberle pagado justamente. El granjero regresaba de vender a sus animales, cuando encontró a la joven, así que Sancho hizo que  el granjero diera toda su ganancia a la mujer, pero al ver que ésta se iba despreocupada y muy contenta, pidió al granjero que fuera tras ella y le quitara el mismo dinero que le había dado. Por más que hizo, no pudo quitarle su dinero, así que ambos regresaron a Sancho, el cual al ver esto,  pidió a la joven que le regresara el dinero, que lo que ella decía era mentira, pues ella decía ser muy digna y si el granjero la hubiera atacado, ella hubiera mostrado la misma resistencia al abuso impidiéndolo, mas no fue así.
DE CERVANTES, Miguel (2006). El Ingenioso Hidalgo DON QUIJOTE DE LA MANCHA. 31a. edición. México: PORRUA. Pp. 665-679.
REINVENCIÓN DEL FINAL DEL CAPÍTULO XLIV
CÓMO  SANCHO PANZA FUE LLEVADO AL GOBIERNO Y DE LA EXTRAÑA AVENTURA QUE EN EL CASTILLO SUCEDIÓ A DON QUIJOTE
Pasaron los días y la tristeza de Quijote  se hacía cada vez más grande, así que no dudo en ir a visitar  a Sancho en su nuevo reino.  
Justo llegó a la ínsula de Barataria cuando  ante Sancho se presentó el sastre y el hombre. A Quijote se le figuró ser la aventura de Gulliver, así que preguntó al sastre  cómo era aquella tan increíble isla en la que todo era pequeño. Quijote armó  un gran número en el cual alegaba que el sastre era inocente pues  lo único que pretendía era ayudar  a  esos pobres enanitos; pero que también el hombre era  un hombre muy dadivoso por preocuparse en mandar a hacer ropa tan pequeña. Quijote no hizo ningún juicio, mas bien, todo quedó igual, y nombre a los dos unos nobles por cometer  tan gran acto de misericordia y, despidió a ambos dejándolos en un barco que zarparía a tal ansiada isla, a la cual Quijote hubiera querido ir, pero sin Sancho, a ningún lado, decía, pues ya había experimentado que era estar  sin su fiel escudero.
En el segundo juicio, el realizado a los dos hombres,  Sancho pidió el sabio consejo de Quijote, pero Quijote solo lo enredó con tan gran palabrería, y dijo que fuera como hubiera sido, el hombre que pidió prestado era un menesteroso, y que el otro hombre  era un rico que no lo necesitaba, quien había obtenido ese dinero quitándolo a los menesterosos, por lo que Dios sólo había hecho justicia. Así Sancho concedió favor al supuesto deudor, cuando no tardó mucho tiempo, y estando todos juntos aún,  llegó  una carta que hablaba de un asaltante, que entre lo que había robado estaban 10 escudos, los cuales tenían como seña particular una herradura en una de sus caras. En eso estaba a punto de irse el supuesto deudor, cuando  tropezó con una piedra,  su báculo cayó, rompiéndose y revelando los escudos que debía, los que tenían una herradura por señal y reconoció el hombre rico. Así en  Barataría se logro un juicio doble, se atrapó al ladrón de los escudos cara de herradura y,  se obligó al deudor a  realizar servicio en  el castillo por 10 días, uno por  escudo, sin pagársele por ello.
 En el último juicio del día,  Quijote puso a prueba a Sancho, para ver que tanto había tomado en cuenta los consejos que le había hecho. Llegaron ante Sancho una joven y un granjero. Ella lo acusaba de haber abusado de ella, pero él lo negaba diciendo que le había pagado y, que por el contario, ella le había quitado todos los bienes que llevaba  con él.  Sancho estaba confundido, pero  pidió a la joven que mostrara  sus manos,  y las revisó minuciosamente, las besó, por lo que todos le tuvieron por depravado. Terminando de hacer esto, pidió al granjero que le dijera aquellas cosas que la mujer le había robado, entre ellas, mencionó una carreta,  dinero y perfumes, y argumentaba que la mujer lo había emborrachado. Sancho inmediatamente dictó que  el mentiroso era el hombre, pues  las uñas de la joven tenían  piel y sangre en las manos y, el cuello del hombre estaba arañado, además,  el aliento del  hombre era normal, sin señal de alcohol, las manos de la mujer  no tenían señal de  estar maltratadas por las riendas de unos caballos, y las manos y cuerpo de ésta no olían ni a perfumes, ni a metal.
Quijote quedó sorprendido por el último juicio de Sancho y unas lágrimas rodaron por sus mejillas, pues sus consejos habían sido tomados en cuenta por Sancho.
Erika Apolonio Monroy

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